Pasos inmediatamente anteriores al descubrimiento de lo cuántico

06 abril 2017

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Iniciamos en el presente post la revisión breve de los pasos inmediatamente anteriores a la obra de Niels Bohr que fue la que de verdad aportó una interpretación nueva y desconcertante del interior de los átomos. Aunque hay muchos científicos que trabajaron en este campo y ya hemos hablado en este blog de la labor de Planck y Einstein en cuanto a la introducción del concepto cuántico, fue Bohr el que de verdad inició las concepciones sobre la naturaleza a las que llamamos hoy mecánica cuántica. Su antecesor y maestro fue Ernest Rutherford, el creador del modelo de átomo que seguimos compartiendo hoy.

Adolfo Castilla

Las ideas cuánticas se difunden en nuestras sociedades

En el post anterior hemos intentado conectar el mundo de los descubrimientos científicos con el del pensamiento, las interpretaciones sociales, los valores de las personas y su comportamiento. Lo hemos hecho haciendo referencia al concepto de “modernidad líquida” del sociólogo  Zygmunt Bauman (1925 — 2017), fallecido el pasado enero a la edad de 91 años. Mediante una pirueta intelectual, una especulación o un exceso de imaginación, se nos ocurrió relacionar el aparente mundo líquido actual de nuestras sociedades, con el mundo, también líquido y cambiante, del interior profundo de los átomos.

No hay nada sólido ni demostrable en ese salto al vacío, pero si es cierto que los conocimientos científicos se difunden poco a poco en nuestras sociedades de la mano de divulgadores y a través del esfuerzo de algunos miembros de dichas sociedades por entender los descubrimientos de la ciencia. Cuando se entienden, se comparten y se difunden, las nuevas interpretaciones sobre la naturaleza de nuestro mundo terminan afectando a las ideas de todo tipo albergadas en la mente de los hombres.

En estos días, sin ir más lejos, ha aparecido en las librerías una obra, ligera y corta, pero en mi opinión muy notable, difusora y divulgadora de los conceptos cuánticos. Se trata de, CUÁNTICA. Tu futuro en juego, del físico y escritor español, José Ignacio Latorre[1].

Todos los grandes descubrimientos científicos terminan afectando a nuestra mentalidad

Ya conocíamos otros escritos de este destacado científico español, que es Catedrático de Física en la Universidad de Barcelona, y sabíamos de su gusto por la escritura.

El libro se lee muy bien y uno acepta tras su lectura que “nuestro futuro es cuántico”, como el autor declara en varias ocasiones.

Es un libro enormemente divulgativo que a los que estamos en estas cuestiones de entender la ciencia y tratar de identificar sus impactos en nuestra vida diaria, nos recuerda lo que debió ser  históricamente la difusión de las ideas de los personajes que hicieron grandes descubrimientos sobre la naturaleza de nuestro mundo.  Por ejemplo, las ideas de Newton sobre la mecánica, las de Sadi Carnot y Clausius sobre la termodinámica, las de Faraday y Maxwell sobre el electromagnetismo, las de Ludwig Boltzmann sobre la mecánica estadística y el interior de la materia, las de Becquerel, los esposos Curie y el mismo Rutherford sobre la radiactividad, y más modernamente las de  Planck, Einstein, de Broglie, y Niels Bohr, entre otros, sobre la mecánica cuántica.

Ernest Rutherford como antecedente inmediato de lo cuántico

Queríamos en ese sentido resumir ahora la labor de un personaje notable, el neozelandés transformado en británico,  Ernest Rutherford (1871-1937). Este científico que tras sus primero estudios en Nueva Zelanda, pasó a estudiar en Cambridge y a trabajar en los  laboratorios Cavendish, es considerado uno de los padres de la física nuclear y descubridor del modelo de átomo que utilizamos hoy. La radiactividad como tal es un descubrimiento que se asigna al físico francés Henri Becquerel (1852-1908), galardonado con el Premio Nobel de Física en 1903. Y fue un área de actividad científica en la que cuando Rutherford comenzó a trabajar ya había destacados investigadores como los esposos Curie en Francia.

Los tres primeros años de su carrera profesional, desde 1895 a 1898, los pasó en Cavendish colaborando estrechamente con J. J. Thomson, el conocido descubridor del electrón. Allí, tras unos primeros comienzos dedicado a un tema popular en la época, las ondas hertzianas, pasó pronto a ocuparse de temas relacionados con otra nueva área de investigación: la radiactividad.


[1] José Ignacio Latorre, Cuántica. Tu futuro en juego, Ariel, Ediciones Planeta, S.A., Barcelona, 2017

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